"Ciertamente, hay diversidad de dones,
pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios,
pero un solo Señor.
Hay diversidad de actividades,
pero es el mismo Dios
el que realiza todo en todos"
(1 Cor. 12, 4-6)
Los asociados:
parte viva de la "Familia Cristo Esperanza"

"Cada uno debe ser fiel a la propia vocación,
al propio don, a la propia identidad:
cada uno debe ser sí mismo, como Dios lo quiere
y la Iglesia lo reconoce.
Los Asociados han nacido de las raíces de la misma planta
y es una alegría ver crecer "nuevos retoños",
otras personas sensibles a los mismos valores,
a la misma "misión"".
(Germana)
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La espiritualidad del Instituto y el espíritu de la "misión"son compartidos con nuestros Asociados: Colaboradoras "Cristo Esperanza" y Comunidades Familiares "Cristo Esperanza". El documento de la Iglesia "Cum Santissimus", ya en 1948, había afirmado la posibilidad de tener Asociados; el Código de Derecho Canónico de 1983 (ca. 725) precisa su fisonomía. También nuestro Instituto ha asociado a sí a otros fieles que, llamados por Dios en el propio estado de vida, se comprometen a tender a la vida evangélica, siguiendo la espiritualidad del Instituto, y a participar en la "misión", según un propio Proyecto de vida reconocido por el Instituto.
Actualmente existen dos ramas de Asociados:
- Las Colaboradoras "Cristo Esperanza". Éstas se comprometen a responder en una progresiva fidelidad a la llamada personal para realizarse en una plenitud de amor, cualquiera sea el estado de vida que ellas posean: soltera, casada, viuda o sola. Comparten la misión de la Iglesia buscando estar atentas, en todos los modos posibles, a quien sufre necesidad. Llevando a Cristo a todos aquellos que sufren, viven la específica misión de misericordia, anuncio evangélico y de esperanza, que es propia del Instituto.
- Las Comunidades Familiares "Cristo Esperanza" unidas por el sacramento del matrimonio y enriquecidas por la experiencia de la vida familiar, del amor recíproco y de los hijos, tienden a vivir la propia realidad en el espíritu de las Bienaventuranzas, para ser testigos de Cristo. En el espíritu de la "misión" hacia el que sufre buscan descubrir y valorizar el sentido cristiano del sufrimiento y de las angustias que viven los hombres; se comprometen, en particular, a acercar familias en estado de sufrimiento y disgregación y a ofrecerles, en Cristo, sostén y esperanza en las dificultades del camino.
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Además de la oración personal y de la escucha de la Palabra de Dios:
- utilizan los instrumentos formativos que el grupo se propone para crecer en la espiritualidad y en la "misión";
- buscan vivir en plenitud la propia realidad personal de familia o de pareja, como ocasión de crecimiento, en apertura a los demás;
- están atentos a la palabra de la Iglesia; en particular, a los problemas de la vida social y del sufrimiento;
- se comprometen como cristianos, personalmente o en grupos eclesiales, en cualquier ambiente, grupo y asociación, para colaborar en la construcción de una sociedad según el Evangelio.
Para ser Asociado es necesario:
- reconocer la llamada de Dios en se mismo; es decir, un don específico del Espíritu Santo;
- sentir profundamente el deseo de compartir la espiritualidad de esperanza y el compromiso de vivirla, sobre todo en la "misión" al servicio de aquellos que sufren;
- adherir al "proyecto de vida" que expresa el carisma y que es reconocido por el Instituto;
- vivir la comunión con los otros Asociados y con las Misioneras, en la común espiritualidad y "misión".
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