Una ultima palabra...
La muerte de nuestra Fundadora ha dejado un gran vacío, pero no ha concluido la fase vital de los orígenes del Instituto. Germana nos ha repetido muchas veces, aún poco antes de su muerte: "La fundación del Instituto no ha terminado... ahora, les toca a ustedes continuar". Nosotras nos sentimos llamadas a anunciar con la vida y con la palabra el carisma y la espiritualidad de esperanza del Instituto, para que quien se siente llamada pueda reconocer los aspectos fundamentales de nuestro estilo de vida.

Pero el carisma pertenece a la Iglesia y es toda la Iglesia la que tiene la responsabilidad de anunciarlo y presentarlo. Ésta es una tarea que, además de pertenecer al Instituto, pertenece también a cada sacerdote, a cada educador y a cada una de las personas que trabaja con los jóvenes, ayudándolos a descubrir los dones recibidos y de los cuales, todavía, ellos no son conscientes. En la Iglesia la diversidad de los carismas es una riqueza común; expresa valores y perspectivas diversas, funciones y servicios complementarios: puede construir un estímulo y una ampliación de horizontes y puede reforzar, aunque también relativizar, la identidad de cada elección vocacional.

Para quien se encuentra al lado de personas en búsqueda es fundamental conocer los diversos carismas y descubrir la complementariedad que éstos poseen, en modo de ofrecer, en libertad, los elementos de un auténtico discernimiento.

Nos auguramos que estas páginas, escritas a partir de la experiencia, puedan servir también a aquellos que están en la búsqueda de un ideal de vida para encarnar en su existencia. A todos deseamos que la fuerza del Evangelio y la potencia del espíritu se conviertan en energía y vida para entregar al servicio del Reino.