Una vida, un carisma en la Iglesia:
Germana Sommaruga
El nacimiento y la historia del Instituto se entrelazan con la vida de su fundadora: Germana Sommaruga. Ella, desde la primera idea en 1936, condujo el Instituto hasta la aprobación definitiva en 1961.

Había nacido en Cagliari, el 25 de Mayo de 1914, donde vivió los años de su infancia en la casa de los abuelos paternos. La mamá había muerto cuando ella era, todavía, muy pequeña. Abierta a la fe descubrió, rápidamente, la fascinante experiencia del don de sí misma a los demás. Ya a los 9 años de edad soñaba con ir a una leprosería para curar a aquellos que consideraba los más pobres entre los pobres: los leprosos. Los dones de gracia, con los cuales Dios había enriquecido a Germana para que los pusiera a su servicio, se injertaron en una personalidad vivaz y reflexiva, aguda y crítica, tenaz, voluntariosa y, a la vez, muy tierna. Germana ha recorrido la historia abierta a lo nuevo y en una continua y apasionada búsqueda del bien.

Durante los estudios universitarios "encontró" a San Camilo de Lelis. Fue fascinada por él y decidió seguir su espiritualidad la cual transfirió, más tarde, a la fundación del Instituto con las variantes específicas de su personalidad y de su sensibilidad de mujer de su tiempo. Se graduó en la Universidad Católica de Milán, discutiendo una tesis sobre la obra de San Camilo en la asistencia a los enfermos. Con el pasar de los años se transformó en una gran estudiosa y experta; publicó diversas biografías del Santo además de la redacción de sus escritos, en lengua corriente.

Tuvo la "primera idea" del Instituto el 6 de Enero de 1936, cuando los Institutos Seculares todavía no existían. En ella, la intuición de la consagración secular era clara, sin embargo, las modalidades de actuación eran, todavía, indefinidas. He aquí un escrito de Germana relativo a aquel momento: "Una idea improvisa, todavía no clara, pero bastante precisa: permanecer en el mundo, dar vida a un movimiento de laicas consagradas que, en el mundo, asistieran a los enfermos en el espíritu de San Camilo, que penetraran en cada ambiente, aún en el más miserable, y prepararan el camino al sacerdote, a Cristo".

El encuentro con el Padre Angelo Carrazo, camiliano, en el año 1937 fue determinante. Él le prometió su apoyo: fue animador, sostén, guía espiritual para ella y para las primeras vocaciones, siempre, con discreción.

Se desarrollaba la segunda guerra mundial: Italia estaba dividida en dos y Germana buscaba alcanzar, a través de todos los medios posibles, a las misioneras de la primera hora y a aquellas que, paulatinamente, adherían a su proyecto. En Septiembre de 1945 moría el Padre Carrazo. Mons. Giovanni Cazzani, entonces Arzobispo de Cremona, siguió con paterna solicitud los inicios del Instituto hasta reconocer, el 25 de Marzo de 1948, el nuevo Instituto Secular "Misioneras de los Enfermos" de Derecho diocesano. Otras etapas en el reconocimiento del Instituto, por parte de la Iglesia, fueron:

  • el "decretum laudis", el 15 de julio de 1953, por el Papa Pío XII;
  • la aprobación definitiva del Instituto de Derecho pontificio, el 6 de Enero de 1961, por el Papa Juan XXIII;
  • la aprobación definitiva de la Constitución, el 6 de agosto de 1975, por el Papa Pablo VI.

Siguieron años de intenso trabajo y estudio no sólo por parte de Germana sino, también, por parte de todas aquellas misioneras, por ella involucradas, en la búsqueda de la voluntad de Dios para el Instituto, en el presente y en el futuro; la Constitución era, paulatinamente, actualizada en modo de poder responder a los "signos de los tiempos", a las necesidades de los dolientes, a las esperanzas de los más débiles. Mientras tanto, el Instituto crecía: después de la fundación en Francia y en Bélgica, frecuentemente detrás del pedido de los Obispos del lugar, fueron acogidas nuevas vocaciones en América Latina, en Asia y, en los últimos decenios, también en Africa. Hasta que le fue posible, Germana siguió personalmente estas Fundaciones.

En la Asamblea General de 1973, Germana, con el consenso de la Sede Apostólica, pidió, con profunda humildad y libertad de espíritu, no ser más reelecta Presidente General del Instituto que ya era adulto y podía proceder sin su guía.

A partir de entonces Germana permaneció, de todos modos, una presencia vigilante y preciosa, un don inestimable, un ejemplo de fidelidad y de generosidad de pensamiento y de corazón. Puso su experiencia personal y el conocimiento que tenía, por el hecho de ser consultora de la Congregación para la Vida Consagrada y para la Sociedad de vida apostólica, al servicio no sólo de nuestro Instituto, sino también de aquellos otros que a ella se dirigían en su fase inicial.

No obstante su debilitamiento físico y los dolores causados por una artritis reumática que no la ha abandonado nunca, Germana fue infatigable en el producir material formativo sea para el Instituto como para revistas de espiritualidad italianas y extranjeras; conferencias para la Radio Vaticana y libros publicados por varias editoriales; Germana a contribuido tambien a fundar l’Association OARI para l’asistencia religiosa a los infermos.

Los últimos años de Germana han sido de gran purificación por el progresivo deterioro de su estado de salud. Coherente con el estilo de nuestra elección de vida, en Febrero de 1988, dejó su habitación de Milán para vivir en una casa de descanso: primero en Rho y después en Capriate (Bergamo) junto a los Camilianos, donde concluyó su existencia terrena el 4 de Octubre de 1995.

Del Testamento espiritual de Germana extraemos algunas expresiones particularmente intensas, que revelan su interioridad: "Sean simples y humildes, serenas, abiertas a grandes ideales: una paz inquieta, es decir siempre despierta, siempre tendiendo hacia la verdadera fidelidad, siempre confiadas en Cristo Esperanza, siempre atentas a los hermanos que sufren, a todos... ¡Siempre abiertas al mañana, pero atentas al momento presente, al don presente, a la fidelidad presente, al Evangelio, a la Constitución, a la vida!"