Identidad del Instituto
El Espíritu obra siempre en la Iglesia con riqueza, variedad de dones y novedad. Una realidad nueva, en la Iglesia, son los Institutos Seculares. El Documento de Pío XII, "Provida Mater Ecclesia" de 1947, ha dado oficialmente inicio a los Institutos de vida consagrada en el mundo; por lo tanto, "nueva" es la modalidad secular de vivir la Consagración. Característica de la consagración en el mundo es la secularidad, comprendida como un compartir la realidad y un abrirse a todos los valores y problemas humanos: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (...). Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón" (G.S. 1).

El Instituto Secular Misioneras de los Enfermos "Cristo Esperanza" ha tenido su primer reconocimiento, por parte de la Iglesia, el 25 de Marzo de 1948. Desde entonces, fieles a la intuición inicial, hemos seguido viviendo nuestra consagración en el mundo: siendo solidarias con los otros; buscando juntos, según el Evangelio, las respuestas adecuadas a cada uno de los problemas - a los de ellos y a los nuestros ; llevando, de vez en cuando y en primera persona, las consecuencias de aquellas elecciones, frecuentemente, en contradicción con la mentalidad corriente. Nuestra presencia de esperanza podría parecer de escaso relieve... pero es la realidad de la levadura que hace fermentar y de la sal que da sabor, aún cuando no son percibidos.

Sentimos nuestra esta llamada: por ello, hemos elegido permanecer en el mundo como lugar en el cual el Reino de Dios crece misteriosamente y se realiza en los alternos acontecimientos de la historia.

La específica identidad de nuestro Instituto Secular une a la consagración, la "misión" hacia los que sufren en una espiritualidad de esperanza. Desde sus orígenes, en efecto, el Instituto se ha inspirado también en el espíritu de caridad de San Camilo de Lelis, patrono de los enfermos y de quien los asiste. El día anterior a su muerte (14 de Julio de 1614), San Camilo bendijo a todos aquellos que a lo largo de los siglos hubieran continuado esta "misión".