"Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer...
estuve enfermo, y me visitaron;
estuve preso, y me vinieron a ver...
Les aseguro que cada vez que lo hicieron
con el más pequeño de mis hermanos,
lo hicieron conmigo"
(Mt. 25, 35.36.40)
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El Señor Jesús es el alma de nuestra vida, la fuerza que abre nuestro ser al amor. Él es el Hijo dilecto que el Padre ha consagrado y ha mandado al mundo (Jn. 10, 36). A imagen de Jesús, también aquellos que son llamados a su seguimiento, son consagrados y enviados al mundo para continuar con la misión.
Hombre entre los hombres, Él ha padecido las debilidades de los hombres, los ha socorrido en las pruebas y en las enfermedades, ha compartido sus sufrimientos, ha invitado a sí a los fatigados y oprimidos (Cf. Mt. 11, 28-30). |
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| La "misión" |
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"El testimonio evangélico al cual el mundo es más sensible
es aquella de la atención por las personas y de la caridad hacia los pobres, los pequeños, hacia el que sufre.
La gratuidad de este comportamiento y de estas acciones,
que contrastan profundamente
con el egoísmo del hombre, hace nacer preguntas
precisas que orientan a Dios y al Evangelio".
(Juan Pablo II)
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Por vocación intentamos seguir sus huellas viviendo la misión específica hacia los que sufren. Ella nos caracteriza entre los Institutos Seculares de la Iglesia. Por fuerza de la consagración, la "misión" se expresa en la acción y en el ofrecimiento de la vida entera, sobre todo, por los moribundos.La cruz roja que, junto al crucifijo, recibimos en el momento de la Donación nos recuerda, justamente, un compromiso de amor pleno y total. |
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Nuestra "misión" se inspira en la espiritualidad de San Camilo de Lelis. Se dirige, por lo tanto, a cada hombre que sufre y nos exhorta a ser presencia de Cristo Resucitado, Esperanza de los hombres, entre los más pequeños de nuestros hermanos: enfermos, moribundos, ancianos, discapacitados, marginados, oprimidos por algún padecimiento, y nos invita a hacernos cargo de toda forma de sufrimiento físico y psíquico.
En esta línea hemos asumido, desde el inicio, el cuarto vínculo de caridad hacia los que sufren, comprometiéndonos a vivir la "misión" hacia el que sufre en toda su amplitud. Con este espíritu nos comprometemos en las diversas profesiones, no solamente sanitarias, en cada campo de voluntariado y en cada realidad social o eclesial. Estamos abiertas a todas las obras de misericordia cristiana, según las situaciones y posibilidades personales, donde sea necesaria una presencia de esperanza. Ponemos atención a la sensibilización de otros intentando descubrir con ellos, según los tiempos y las situaciones, nuevas formas de sufrimiento y nuevas formas de servicio.
Como fundamento de nuestra "misión" ponemos fe en el significado y en el valor de la vida. Fe en el valor del hombre y en su indivisible unidad de espíritu y cuerpo. Sin esta visión no se puede intuir el sentido del sufrimiento humano y su significado redentor. |
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"Les recuerdo de "dar la mano" a Dios, que es un Padre bueno;
de permanecer en comunión con Cristo, que es nuestra Esperanza;
de escuchar el Espíritu Santo y Santificador;
de ser hijas por María, signo de segura Esperanza y de consolación;
de mirar a Camilo de Lelis y de amarlo.
Las invito a extender, con empuje y humildad,
nuestra espiritualidad y nuestra "misión".
(Del Testamento de Germana. Milán, 23.11.1983)
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