| Presencia en el mundo |
| Fundamento de nuestra presencia en el mundo es el misterio de Jesús en su vida en Nazareth. Allí ha vivido su experiencia humana como cada hombre de su tiempo y de su ambiente sin distinguirse, de ningún modo, como Hijo de Dios, a pesar de ser el Redentor y Salvador. La contemplación de este Misterio nos empuja a comprometernos y a compartir, con espíritu misionero, cualquier actividad y profesión en cada ambiente y situación, buscando ser sal, luz y fermento de verdad en la caridad (cf. Ef. 4, 15).
A los miembros de los Institutos seculares compete la encarnación del mensaje cristiano y su traducción en la vida cotidiana al servicio de los hermanos, para la salvación del mundo. El ser y el actuar no van separados sino que se funden en una síntesis vital: el "estar presentes en el mundo" adquiere el sentido de "obrar en el mundo" a partir de las actividades mismas del mundo. Como ha dicho Pablo VI: "Estar en el mundo, es decir, comprometidos con los valores seculares, es vuestro modo de ser Iglesia y de hacerla presente, de salvaros y de anunciar la salvación. Vuestra condición existencial y sociológica deviene vuestra realidad teológica". Ser "sal" y "levadura" significa:
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