BIOGRAFÍA DE GERMANA SOMMARUGA

El Camino de esperanza en Germana Sommaruga tras las huellas de San Camilo

Publicamos una síntesis (no revisada por la autora) de la intervención pronunciada por la Dra. Cristina Simonelli, miembro de la comisión teológica, el 27 de diciembre de 2016, con motivo de la conclusión de la fase diocesana de la causa de beatificación de Germana Sommaruga.

«Te ofrezco
el cáliz
de mi
vida […]
Colmado de Ti
se convierta
en ofrenda.»

Germana Sommaruga envía esta oración a Sebastiano Genco, de las Comunidades Familiares Cristo Esperanza, en la última etapa de su vida. Esta oración resume bien la inspiración, el itinerario y la dinámica interior de Germana.

Las fechas que enmarcan la vida de Germana, 25 de mayo de 1914 – 4 de octubre de 1995, no son sólo una necesaria precisión biográfica; abarcan todo el siglo XX, siglo denso de transformaciones civiles y eclesiales del que Germana es partícipe y testigo, en un grado elevado de santidad, tanto más auténtica cuanto más vivida en la discreción y en la trama cotidiana de una “mujer cualquiera”, como ella misma dirá cuando, ya anciana, elige vivir en una casa de reposo.

Por una feliz coincidencia, la investigación diocesana relativa a Germana Sommaruga concluye precisamente al día siguiente de la beatificación del papa Pablo VI, quien quiso a Germana como consultora en la sección de Institutos Seculares de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica; desempeña este encargo desde mayo de 1978 hasta 1991.
¿Quién es, pues, esta mujer que mantiene correspondencia y colabora con obispos, cardenales y pontífices, y que al mismo tiempo vive una secularidad exigente hasta el ocultamiento? Recorro aquí, de manera sintética, algunos rasgos de su personalidad.

La infancia y la adolescencia de Germana están profundamente marcadas por el dolor y la enfermedad. Pierde a su madre, afectada por tuberculosis, pocos meses después de su nacimiento; poco después muere también uno de sus hermanos por la misma enfermedad. Los años de su infancia y adolescencia coinciden además con el periodo en que en Europa se desarrollan tensiones políticas y sociales que conducen a la Gran Guerra y al drama del Holocausto. Teniendo en cuenta los orígenes judíos de su familia, se comprende bien cuánto sufrimiento vive Germana ante los acontecimientos de aquellos años. La experiencia personal, familiar y social del dolor se convierte en ella en fuente de compasión y de dedicación a la vida frágil y sufriente.

En 1936, en colaboración con algunos padres Camilos, Germana comienza a dar vida a una realidad denominada la “Famiglietta” (Pequeña Familia), que agrupa a jóvenes mujeres dedicadas al cuidado de los enfermos. La Famiglietta constituirá el núcleo fundacional del Instituto Secular que poco después Germana fundará.

En 1947, Pío XII promulga la Constitución apostolica Provida Mater Ecclesia, que reconoce a los Institutos Seculares como una nueva forma de vida consagrada. Los contenidos y el espíritu de la Provida Mater están en cierto modo anticipados por las intuiciones y la experiencia que Germana venía madurando desde 1936 en torno a la secularidad consagrada. Junto a los temas de la laicidad y de la secularidad que Germana elabora y vive incansablemente en la vida concreta, también estimulada por las novedades del Concilio Vaticano II, se abre paso en ella un tránsito desde una espiritualidad centrada en la expiación y la penitencia hacia una espiritualidad del abandono del proprio ser y existir en las manos del Padre, de la solidaridad profunda y de la kénosis, expresada también en términos profundamente teológicos y cristológicos. De este proceso espiritual queda huella en algunos escritos de su madurez y en la decisión de hacer de la Famiglietta un Instituto Secular inspirado en la figura y en la obra de San Camilo.
Así escribe ella misma en la madurez, comentando la Constitución del Instituto por ella fundado:

«[…] la caridad de nuestras hermanas nos ayudará a vivir en la esperanza, a aceptar humildemente nuestra fragilidad, a descubrir en nosotras y a nuestro alrededor todo valor»
Y en la voz “abandono” del diccionario de la Constitución del Instituto Secular Misioneras de los Enfermos afirma: «Estamos convencidas de que no podemos consagrarnos si el Espíritu no nos consagra; por eso queremos abandonarnos al Espíritu de manera activa, ofreciéndole la colaboración de nuestra buena voluntad: el Espíritu desarrollará en nosotras los dones del bautismo y de la confirmación, nos formará en el espíritu de las bienaventuranzas, nos ayudará a vivir el Evangelio […] Le pedimos que nos haga humildes, sencillas, dóciles a sus exigencias, en manos del Padre para la vida y para la muerte. Y es este amor el que nos impulsa a decir, como gesto de suprema confianza: ‘Aquí estoy!’.»

Animada por un profundo sentido de secularidad, fundado en la certeza de que el Espíritu actúa en la trama de la historia, Germana escribe:
«Inmersas en las realidades humanas más concretas, codo con codo con los hombres de nuestro tiempo, sabemos también cuál es la fuerza del pecado en el mundo […] Por eso, hechas con Cristo voz de toda criatura, presentamos al amor misericordioso de Dios toda realidad humana, incluido el pecado; nos asociamos a la redención de Cristo en un esfuerzo de esperanza […]»
Muy intensas son también las páginas que, con profundo sentido de secularidad, Germana dedica al trabajo, que – dice – no es sólo un medio de sustento, sino que: “[…] nos hace presencia de Cristo, esperanza de los hombres, que, sin desdeñar ni rechazar nada de nuestros problemas, les da solución”.

Germana mantiene, hasta su muerte, diálogos y colaboraciones con todo tipo de personas: desde altas personalidades eclesiásticas, recordamos aquí la amistad con los cardenales Pironio y Larraona, hasta las compañeras de la casa de reposo y las hermanas del Instituto. Cultiva relaciones y contactos en un recorrido que adquiere progresivamente una dimensión cada vez más universal, hasta alcanzar los confines del mundo y las formas más amplias de participación laical.
La fe de Germana es una fe exigente, una fe que en los diálogos más personales conoce y manifiesta la prueba de la pregunta radical, del abandono y de la noche oscura, que se convierte en su vida en radicalidad muy exigente, pero también en dulzura y comprensión hacia quienes acuden a ella.
De la biografía no aparece de manera inmediata, pero Germana y sus Misioneras de los Enfermos “Cristo Esperanza” están profundamente vinculadas a Verona. Profundamente, pero discretamente, como es su costumbre y también su propósito. Muchos y muchas la conocieron y apreciaron el rigor y la profunda diligencia suya y de su – empleo todavía este nombre inicial – Famiglietta.
Personalmente no la he conocido, pero su experiencia me ha sido presentada por el padre Serio De Guidi, a quien recuerdo aquí con gratitud y afecto.
La presencia de Germana, de sus Misioneras y de la Asociación “Amigos de Germana” es todavía un signo de vitalidad de esta Iglesia de Verona y de las potencialidades que expresa.
Y, como todo signo, posee también una dimensión profética; mientras conforta y confirma, esta experiencia eclesial nos exhorta a proseguir con decisión el camino de la caridad en todas sus formas, sin perder la sonrisa y la confianza en el futuro, que es hábito laical y, al mismo tiempo, virtud teologal.

… que cada uno pida al Señor la gracia de un afecto materno hacia el prójimo, para servirlo con toda caridad… con la gracia de Dios deseamos servir a todos los enfermos con el afecto de una madre amorosa hacia su único hijo enfermo

San Camillo de Lellis

Cookies & Privacy Policy

Copyright 2023